Se dice que Nueva York es la ciudad que nunca duerme, el corazón del teatro y de los musicales, la meca financiera, la Gran Manzana… en definitiva, se habla de Nueva York como de la capital del mundo. Realmente para Nueva York ni siquiera esta consideración parece suficiente. Nueva York mejora cualquier descripción y resiste todas las etiquetas.
Nueva York pertenece a la selecta categoría de las ciudades instaladas en lo extraordinario. París, Madrid, Roma, Barcelona, Londres, Tokio… Tan sólo un puñado de ciudades en el globo pueden ser comparadas con Nueva York y, entre todas ellas, Nueva York brilla con luz propia.
La atracción que Nueva York genera debe entenderse como uno más de sus misterios que puede desentrañarse en la diversidad y los contrastes que constituyen la esencia de la ciudad. En Nueva York las mayores fortunas del mundo disfrutan de las mejores vistas de Manhattan en sus lujosos edificios de apartamentos mientras tienen un Starbucks a la vuelta de su puerta en el que probablemente en ese momento un empleado corriente sorba un café mientras piense en cómo llegar a final de mes. Los ejemplos e historias que se encuentran cotidianamente en Nueva York explican su grandeza.

La diversidad y los contrastes son la esencia de Nueva York. En sus calles y barrios, las diferentes comunidades, etnias y grupos sociales configuran las mil y una caras que el visitante observa mientras va caminando por Nueva York. Ultraortodoxos judíos en Williamsburg, negros en Harlem, asiáticos en Chinatown, gays y lesbianas en Greenwich Village, latinos en Queens, gente con dinero en el East Village y el SoHo… Cada barrio de Nueva York obedece a una evolución distinta. De una calle a otra, entre los rincones más recónditos, en los rostros y gestos de sus habitantes, Nueva York crea espejismos que responden a realidades dispares. De personas felices, de historias brutales, de gentes abandonadas a su suerte, de sueños que unas veces se cumplen y otras se desvanecen para convertirse en pesadillas. El sueño americano siempre está presente en la ciudad de Nueva York.

El 11-S cambió Nueva York. Los atentados terroristas acabaron con la vida de más de 3.000 personas y modificaron el skyline de Nueva York con la desaparición de las Torres Gemelas, pero, al mismo tiempo, los atentados permitieron mostrar el valor de los neoyorquinos y la humana reacción que tuvieron ante su drama. De la tragedia renació Nueva York. El 11-S estrechó la relación de sus habitantes con su ciudad, Nueva York, y reafirmó el orgullo que se necesita para vivir en una urbe como ésta como ningún otro acontecimiento en su historia lo había hecho.
Varios años después de aquellos duros días, el visitante sigue admirando y reconociendo lugares de interés y atributos que hacen distinguible a Nueva York. Manhattan, la Estatua de la Libertad, Empire State Building, Central Park, Broadway, Harlem, Wall Street, el Puente de Brooklyn, la Quinta Avenida, el MoMA, el skyline y en el recuerdo, las Torres Gemelas. Pero también estos grandes nombres propios de Nueva York van acompañados de pequeños símbolos que hacen inconfundible Nueva York como ninguna otra ciudad: las compras, los deliciosos perritos calientes, los musicales, los miles de taxis amarillos, los rascacielos, el humo que sale de las alcantarillas, las camisetas con I Love New York, los conciertos de rock, el metro….

El visitante que desee conocer Nueva York debe ser consciente de lo que implica esta ciudad. Los contrastes, el orgullo o la diversidad son palabras imprescindibles del diccionario espiritual de Nueva York que se pasean cada día entre los edificios y las calles de sus barrios. Apenas importa que el visitante conozca Nueva York para adentrarse en ella. Es una ciudad que siempre sorprende y devuelve con creces el tiempo invertido. Sea la primera o enésima visita, Nueva York abre sus brazos a todos aquellos que llegan a ella como ya hiciera en el pasado con los inmigrantes que desde la isla de Ellis miraban la Estatua de la Libertad antes de formar parte indisoluble de alma de esta metrópolis. Nueva York pone el escenario y las luces.
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